viernes, abril 29

El día que hice click

Yo solía venir aquí a soltar la paja mental en el momento que lo necesitaba, fueran las 16:00, las 20:00, o las 5 de la mañana, pero supongo que una se da cuenta, con el tiempo y con unos cuantos años de más, que a veces lo mejor que puede hacerse es tomar perspectiva, pensar, y luego hacer conclusiones. 

Y aquí estoy, a mis 22 años de edad, abril de 2016, y han pasado 4 años desde que esto era mi pequeño rincón diario (o semanal). Quizás fue un rincón más grande de lo que yo pensaba, porque por algún motivo en estos 4 años no he cerrado esto, ni he cambiado el nombre, ni he hecho nada que me hiciera pensar que esto ya estaba superado. No. Y ahora me pregunto si de verdad dejé de necesitar esto; venir y hablar, contar historias, inventarme nombres, dejar volar la imaginación, y llorarle a la pantalla del ordenador. En especial esto último creo que no dejé de necesitarlo, sólo lo escondí, o quizás en el momento no quise volver, por pereza, por uf, y si lo lee la gente, por mil y una excusas. 

Volviendo a lo de tomar perspectiva, ha pasado mucho tiempo y lo cierto es que no hace mucho que una persona encontró este rincón, y yo caí de lleno en él. Caí y leí, y leí desde el principio hasta el final. Y leyendo, lloré, sonreí, me ilusioné, aprendí, y me di cuenta de muchas cosas. Leyendo esto, y algún que otro diario en mi casa que nunca verá la luz, (está demasiado oscuro), me conocí un poco más a mí misma, y comprobé, que si soy la persona que soy ahora, fue por todo lo que pasaba tras esas palabras que herían el teclado, y me herían a mí, con cada pulsación. 

Hace poco me descubrí a mí misma preguntándome si era una persona fuerte. Fuerte, no en el sentido de estar en forma, sino de si soy alguien capaz de afrontar, superar, y plantar cara a los problemas. Si soy capaz de gestionar el miedo, el dolor. Y pensé, ¿y si soy débil? ¿y si no doy la talla? ¿y si no estoy preparada? Y entonces hice lo que todo el mundo debería hacer en situaciones así, echar la vista al pasado, aprender de los errores, descubrir quién fuiste, para saber quién eres hoy. En el pasado encontré mucho dolor, más del que yo recordaba. Ahora, desde aquí, con perspectiva, con madurez, con cierta experiencia, puedo decir que realmente, las cosas no fueron bien, que una niña no se merecía eso, que ese diario debería ser una broma. Pero en el pasado encontré también algo que a menudo tengo que recordarme a mí misma. El día que hice click. Ese día cambió todo, y a ese click le debo todo lo que soy ahora. El día que hice click aprendí a quererme a mí misma, el día que hice click descubrí una autoestima muy pequeñita, que iba a ir creciendo poco a poco, ese día aprendí a no agachar la cabeza cuando alguien te la baja, sino a levantarla, a hacerme oír, a valorarme, a respetarme. Ha pasado mucho tiempo y ya no puedo recordar si ese momento fue cuestión de un día, que me levanté por la mañana y pensé basta, o si fue un proceso, más o menos corto, eso ya no lo sé. No sé en qué momento hice click, y tampoco sé cómo lo hice, lo único que sé a día de hoy, es que lo hice sola, nadie me dio esa palmadita en la espalda que a veces tanto necesitamos, no tuve ningún todo irá bien, pequeña, solo estaba yo, y de algún modo, lo conseguí. 

Ahora me considero una persona tremendamente afortunada por todo lo que la vida ha ido poniendo en mi camino. He aprendido a caminar, y aunque a veces haya tropezado, o haya cometido errores, me haya bifurcado, me haya perdido, al final he sabido encontrarme. Ya lo dice Loreto Sesma, ¿cuánto más tengo que perder para encontrarme? y supongo que yo ya he perdido, porque, al menos de momento, creo que sé donde estoy, dónde quiero ir, y a quién quiero en mi camino.

¿Responde todo esto a mi gran pregunta? Pues supongo que no, como también supongo que, desde que he me he sentado enfrente de la pantalla del ordenador, algo me dice que ya sabía la respuesta, que mi rincón me la ha chivado. Que en este sitio todavía sigue resonando ese click

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