miércoles, agosto 24

quizás el mundo no es de todos

A veces pasan cosas que te hacen plantearte qué haces realmente con tu vida. Y es que... ¿si mañana es el último día de mi vida, habré aprovechado al máximo todo lo que tengo? ¿Habré tenido una vida de la que estar orgullosa? Si me muero mañana, me habría perdido tantas cosas; el día de mi boda, la primera palabra de mi hijo, el viaje a NY que tanto deseo hacer... No digo que ahora deba dejarlo todo, dejar el colegio, dejar mi país, y lanzarme a la vida como si fuera una simple marioneta, a merced de cualquiera, para vivir como si cada día fuera el último. No digo eso, porque sé que es imposible, aunque soy de las que creen que impossible is nothing, pero también soy realista y se que a veces los futuros se rompen en la mitad y las cosas, para bien, o para mal, cambian, y sí, quizás sea eso, que cambian. Quizás es que tenga miedo al cambio, tal vez porque me he acostumbrado a vivir mi vida diaria de forma constante y continua, aunque no por ello aburrida. Quizás le tengo miedo al cambio, porque soy demasiado feliz y el día en que todo eso se rompa en añicos dudo ser capaz de poder seguir adelante. Pero claro, no habrá otra salida, la vida es lo que tiene, que no se puede retroceder, y tan solo quedará seguir andando, y ya dicen que todas las cosas pasan por un motivo. Puede que lo que pase es que mi cerebro no consiga pensar en otra realidad que no sea la que tengo, porque ya está acostumbrado a todo esto. Sí, que le voy a hacer, es mucho tiempo ya, me he ido (mal)acostumbrando y ahora, lo cierto es que no concibo una vida sin él, sin sus besos, sin sus palabras, su cariño. No me imagino otra realidad que no sea al lado de todas las personas que ahora están conmigo y que forman parte de mi día a día, mis amigos, mi familia. Puede que a veces los cambios sean buenos, pero sinceramente, no veo aspectos positivos en un cambio en mi vida, las cosas están bien como están. ¡Qué digo bien, están de puta madre! Sí, la verdad es que estoy casi segura de que los cambios tardarán en llegar, si es que lo hacen algún día, pero a veces la vida nos sorprende, y no me gustan mucho las sorpresas sin motivo, me resultan, cuanto menos, inquietantes. 

5 comentarios:

La Tua Cantante. dijo...

Me encantó el texto, de veras:)
Cierto que si tienen que venir cambios, vendrán (casi siempre vienen, para bien o para mal) y si no siempre puedes hacerlos tu
un besote:)

Mandarina dijo...

Me encanta...hoy he estado viendo Revolutionary Road y esto parece a propósito!!Va sobre la gente que tiene sueños pero luego se da cuenta de que al final lleva la misma vida de los demás...
Yo también me siento así, ese saber que hay cosas que queires hacer pero ver cómo están las cosas ahora y saber que tiene que haber un cambio que da miedo...a lo mejor les pasa a todos!

Septiembre dijo...

Mira, te digo de primera mano que los cambios siempre vienen pero no quiere decir que sean malos :) Es algo totalmente natural y a veces, ni nos damos cuenta a tiempo. Tu vida ha cambiado poco a poco hasta darte cuenta de lo que te gusta y no quieres que cambie. Si quieres que algo permanezca igual debes esforzarte a nivel personal y de relaciones, es lo que se llama realmente esfuerzo ^^ A veces hay que sacrificarse, otras dejar soplar el viento. Pero todo lo bueno se hace mejor y lo malo, simplemente desaparece :)

Chica Gris dijo...

Que razón tienes. Creo que si nos hiciéramos esas preguntas a diario acabaríamos locos, o por lo menos yo si, cuando me replanteo tantas cosas...
A mi tampoco me gustan las sorpresas sin motivos, ni los cambios, supongo que será porqué no quiero que cambie esta realidad a la que me he acostumbrado :)

Un besazo.

Luxmy dijo...

A veces los cambios tienen un final, triste o feliz, eso no importa. Realmente estamos cambiando continuamente, lo que ocurre es que entramos en continuidad de las cosas.
Seguramente, tus padres no te hablen igual siempre, ni sus besos sepan igual, y tus amigos no sonríen de la misma forma. Eso ni es bueno, ni es malo, pero negar que cambiamos y lo que nos rodea sería cínico.
A veces los cambios drásticos llegan sin llamarlos, pero no deberíamos temerlos, porque esos llegan por nuestras elecciones y respuestas. Quizá cuando los buscamos desesperadamente nos hacen undirnos más en la sensación de que la monotonía, y cuando los queremos lejos, nos aterran tanto que preferimos quedarnos quietos.