jueves, agosto 4

Estefanía LLuviosa.

Ahora mismo la estoy observando por la ventana. Sus braguitas negras no debieron costarle mucho, apenas le tapan ese culo de infarto que tiene que tanto me hace suspirar. Lleva puesta una camiseta roja vieja y desgastada, que le hacen todavía más irresistible.
Fuera, la lluvia cae fuerte, llevándose consigo penurias y lacras que hace tiempo que hacen de ocupas en mi corazón. Pero no esta noche, esta noche, la lluvia arrastra el orgullo y hace añicos los recuerdos, me limpia de cualquier tipo de prejuicios que hubiera podido frecuentar en el pasado.

Estoy justo debajo de su ventana, desde aquí estoy seguro de que no me descubrirá. En cambio yo en ella descubro cosas nuevas todos los días.
Por ejemplo, que hoy ha tenido examen y no le ha salido bien. Lo he notado en el brillo de sus ojos, eran rebeldes como aquel viejo rebelde sin causa, y su boca, tan delicada como firme, se había tirado al vodka en cuanto rozó la intimidad de su cuarto. Algún día, será a mi boca húmeda y paciente a la que se tirará, pero para eso aún tiene que conocerme claro, y yo los días normales la evito por las escaleras como rehuyendo a un gato negro un martes trece.
Cogí mi Nikon e hice un par de fotos. Sí, con eso bastaría para terminar la colección que cuidadosamente había preparado durante las últimas semanas. Le llamaría “Estefanía Lluviosa”, porque tan sólo me fascinaba los días de lluvia. Los demás días, Fani era otra vecina más, alguien a quien no miraría más de los dos o tres segundos reglamentarios.
Pero la lluvia para mí era una liberación. Ese velo que cubría mis ojos los días de sol se evaporaba tan pronto como la primera gota de un chaparrón se deslizaba por mi mejilla. Era algo que solo yo podía entender, eran muchos los que se extrañaban de mi pequeño trastorno, pero yo lo consideraba ya a estas alturas de lo más normal, y me armaba de paciencia intentando explicarlo.
Mi infancia había estado marcada por constantes burlas y malas caras desde que cumplí los siete años. No llevaba gafas, no me pusieron aparato, simplemente, me tocó a mí. Al principio lo sobrellevé como bien pude, pero había días que era realmente insoportable. Tuve que ir de psicólogo en psicólogo y me recetaron miles de pastillas antidepresivas, con una numerosa lista de efectos secundarios a su espalda. Yo no me los leí todos, porque por aquel entonces no me interesaba por la lectura, sólo dibujaba nubes y más nubes, y cuando iba a comprar chucherías, pedía también nubes, tenía una clara obsesión por las tormentas desde luego.
Ahora pienso que quizás debí de haberme leído los efectos adversos del medicamento, pues los habría dejado de tomar lo más pronto posible. Y sucedió lo del prospecto, que me volví loco.
Entre todos consiguieron que me reinventase a mí mismo, haciéndome crecer como una persona totalmente diferente a la que había nacido. Me volví loco y decidí vivir en los días de lluvia. Los días soleados me recordaban a lo felices que debieron ser todos esos niños, a los lacasitos que nunca compartían conmigo, y a las veces que deseé pintar mi trozo de pared con colores fosforescentes.
Me prometí que los días lluviosos conseguirían limpiar mi alma y liberar mis emociones, juré que las tormentas serían mi refugio y los chaparrones mi venganza. Me vengaría de todos ellos, de la forma más honrada y a la vez mezquina que se me ocurrió; siendo mucho más feliz que ellos.
Y lo estoy consiguiendo, y aquí estoy yo, empapándome de felicidad, al ver que Estefanía baja por las escaleras.
Me regala su sonrisa y desaparece detrás del kiosko. Al salir, veo que lleva en la mano una bolsita con nubes, y entonces ocurre, que de tanta locura, de golpe me enamoro.

4 comentarios:

Septiembre dijo...

¿el texto es tuyo? *-*

Septiembre dijo...

está bien el diseño, pero si acaso, pondría el lugar donde se escribe con algo más de transparencia y el fondo algo más grande para que no quedase con tanto mosaico, pero está chulo :)
Pues me ha encantado el texto, es simplemente genial =)

Mandarina dijo...

Yo pensé que ya estaba enamorado :)
Has cambiado el fondo mientras leía, casi me da algo del susto!

Mandarina dijo...

Me puedes echar una mano?pásate por mi blog :)