lunes, diciembre 13

No hacemos nada por evolucionar. Vivimos ya en un mundo que lentamente (o más bien rápidamente) muere, se consume, o más bien consumimos, como los cigarros en nuestros pulmones.
Nos resigamos a creer que nuevas generaciones harán por nosotros aquello que nosotros, egoístas siempre, no somos capaces de hacer.
Ya no quedan soplos de luz, ni de fe ni de esperanza. Los han apaciguado aquellos que tienden a ser parte ciega de un juego en el que, borrachos de poder, una minoría mueve ficha.
Minoría hipócrita, egoísta...sobre la que giran gritos de esperanza, aquellos que han aprendido a callar.
Y callo, y me dejo llevar..









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